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La dirección de la Sociedad Antroposófica y el Ser Antroposofía
Por Equipo de Redacción Revista Biosophia   
 

ImageLa revista retoma su andadura después de un tiempo de recomposición interna que no en vano se halla en íntima relación con la situación de crisis generalizada que a todos nos afecta en esta coyuntura tan complicada, y que si no atemperamos y aquilatamos de acuerdo con el mensaje y valores de nuestro maestro impulsor y de la entidad de sabiduría y consciencia que dirige los ámbitos de expresión de nuestra Sociedad Antroposófica, no sabremos dirigir y enderezar sus pasos en el sentido pretendido por el impulso trascendental que debiera animarla espiritualmente.  

 

No hay más que echar un vistazo a nuestro mundo alrededor, no solamente a los medios, aunque también, para ver y constatar que a diestro y siniestro corren tiempos de crisis y que el mundo en general y nuestros mundos respectivos y particulares andan revueltos, desordenados, desnortados, casi caóticos. La crisis económica es síntoma de la descomposición de todo un sistema económico, social y político que básicamente muestra una crisis existencial del sistema de principios y valores que sustenta nuestra actual civilización, y esa crisis, por afectar al Alma de la Humanidad en la transición de los tiempos hacia una nueva Consciencia basada en la ética moral individual y social de los pueblos, está afectando también a la dirección y estructuras de exteriorización de entidades de ámbito esencialmente espiritual y esotérico como lo es nuestra Sociedad Antroposófica, donde lo que parece evidenciarse y lo que se cuestiona precisamente son los mismos ámbitos de poder tradicionales basados en una autoridad exenta de espíritu e impulso crísticos, ese poder destructivo que se mueve por intereses egoístas y materiales al margen de lo que es Antroposofía en sí, los mismos resortes de poder egóico y personal que han generado y alimentan esa misma crisis generalizada que en tantos ámbitos constatamos a nuestro alrededor.

 

Ojo avizor, atención rigurosa  y mucho amor desinteresado y despierto requieren una Sociedad como la nuestra que debiera estar presidida a estas alturas por el Ser de Antroposofía en su manifestación y en la búsqueda de sus fines y objetivos, al ser depositaria del compromiso y responsabilidad máximos de la Humanidad en su actual estado evolutivo hacia el Alma Consciente humana, y también, por qué no decirlo, como representante de las Escuelas de Misterios de todos los tiempos en representación de la actual Humanidad en su relación con el mundo espiritual y el plan crístico, y que sin embargo, y esa es la responsabilidad de todos nosotros sus miembros, parece estar sumida al albur de los mismos vaivenes críticos que los ámbitos sociales que la rodean, quizás seguramente por estar sometida al interés particular de algunas fuerzas opositoras empeñadas en desvirtuar su esencia y sus objetivos trascendentales.

 

  Rudolf Steiner nos dejó dicho en este sentido que el mundo de hoy ve a la diosa de nuestro tiempo, Antroposofía, a través de un cristal muy oscuro, y que todo aquello que haya oculto en los rincones y vericuetos del alma y que no se trae a la luz de la conciencia clara y cristalina puede ser aprovechado en cualquier momento por las potencias adversas, ya que cualquier forma de perversión contradiría el Espíritu sagrado y la esencia prístina de la entidad custodia de la Sociedad que es Antroposofía. Y es por ello que, a través de esta editorial, hacemos un recordatorio acerca de la entidad bajo cuyo manto y espíritu está nuestra Sociedad ya que es nuestra responsabilidad cuidar y fomentar sagradamente su presencia y asistencia, para continuar y plasmar, en lo posible, la labor y el testigo que nos cedió nuestro fundador y mentor, y nos referimos naturalmente al Ser Antroposofía. 

 

Como es sabido, en la fundación de la Sociedad General Antroposófica en Dornach, el 25 de diciembre de 1923, Rudolf Steiner habló con especial énfasis de la importancia de una relación viva de todos los antropósofos con Antroposofía, haciendo hincapié en que es vital que el corazón de cada antropósofo debería estar "animado de principio a fin por la Antroposofía". En términos esotéricos, este impulso vivificante del corazón se relaciona directamente con un verdadero encuentro con el ser suprasensible de la Antroposofía que eventualmente conduce a la creación de una "verdadera comunidad de seres humanos para la Antroposofía." Ella está vinculada a la trayectoria de cada antropósofo individual, y, a través del individuo, a la trayectoria de la Sociedad Antroposófica en sí, y a través de la Sociedad al mundo en general. 

 

Antroposofía, por su origen y su naturaleza ínsita, tiene en común con Sophia y con la Eva Celestial la pureza y virginidad de las fuerzas de la misma estructura etérica que la caracterizan, así como la sabiduría, la devoción y el amor purísimo y espiritual de Cristo, además de la nobleza, entrega generosa e incondicional de la Madre Cósmica manifestada en las dos Madres de Jesús, todo lo contrario a cualquier perversión y depravación tan obvias en nuestro entorno o a cualquier deseo egóico, instintivo o astral, pues su faro y su luz descienden de la pureza prístina de la Gran Madre Cósmica Sophia. Diríase que tal entidad representa todo lo contrario a lo que caracteriza a cierta dirección de la Sociedad Antroposófica actual en nuestro país, cuya óptica, ritmo y prácticas habrán de ser modificados y sustituídos, para acompasarlos a los verdaderos objetivos de la Ciencia Espiritual, de su fundador y de la entidad que cuida y custodia sus destinos, que no es sino ese mismo Ser Antroposofía.  

 

Sophia, la Diosa Madre y la Sabiduría del Universo 

 

ImageA lo largo de los tiempos ya sea como Isis o como la Virgen de la Divina Feminidad, el espíritu de la Sophia Cósmica y de la Diosa Madre se ha destacado ante el alma de los hombres como una imagen del cielo. Sus misterios y su calidez pura y virginal han sido evocados y suscitados por todos los pueblos a lo largo de la historia por los seres humanos de todas las tradiciones y todas las culturas cuando apelaban a ella por necesidad de conocimiento o por cuestiones prácticas. Ella era la sabiduría que mostraba cuándo el hombre debía sembrar las semillas, los cultivos y las cosechas, y su inspiración decía a los hombres y mujeres cuándo era el momento apropiado para concebir a sus hijos. Ella fue tantas veces el intermediario entre Dios y el hombre, ante un Dios demasiado elevado o incluso patriarcal para ser abordado directamente. Ella ha sido la inspiración divina de todo lo que es puro y bueno en el alma de los seres humanos y el mundo. Y hoy en día en que la humanidad trata de despertar de un largo período de oscuridad se oye una llamada resonante desde las profundidades del alma, un anhelo subconsciente: ¿Cuál es la naturaleza de este ser cósmico? ¿Cómo podemos unirnos con la divinidad a través de Ella?. 

 

Este impulso interior que ha encontrado su expresión en el arte, la poesía y la literatura, y en torno al cual en nuestros días una gran cantidad de libros, documentales y artículos tratan de encontrar respuestas. Pero a lo sumo solo se ha llegado a arañar la superficie de una verdad de múltiples capas y caras, que en el peor de los casos proporcionan postulados materialistas engañosos y seductores acerca de su entidad. Rudolf Steiner, el gran iniciado de nuestro tiempo que proporcionó a la humanidad el tesoro de la Ciencia Espiritual y "la ciencia esotérica", a través de un camino moderno de Iniciación, camino que los seres humanos pueden transitar desde la oscuridad del materialismo hacia la luz de la sabiduría y hacia la sabiduría del cosmos cuya misión es unir a los seres humanos con la Divinidad, nos desveló el papel y el trabajo actual de Sophia en el hombre, descubriéndonos una nueva faz de la Diosa en su función de relacionar al hombre con la divinidad. 

 

¿Y quién es este ser que anhelamos conocer? Los griegos la llamaban Soph-EA, lo cual significa "la sabiduría que es todo", y como su nombre indica ella brillaba a los seres humanos en la tierra desde los ámbitos más altos de la segunda jerarquía y desde la esfera a la que pertenecen los Espíritus de Sabiduría, lo que expresado en el lenguaje de la escritura cósmica es la región designada por el signo zodiacal de Virgo. 

 

En la antigüedad la sabiduría cósmica fue percibida como algo que tenía mucho que ver no solo con la Sabiduría del Cosmos, sino también con el conocimiento de las fuerzas creadoras de la tierra, con la fertilidad y el nacimiento, y en este aspecto, se la vió en muchas ocasiones como una diosa de la luna, ya que los ciclos de la luna están íntimamente conectados con las fuerzas de la reproducción. Las deidades masculinas se asocian tradicionalmente, por el contrario, con el sol. Eran los 'novios', de las fuerzas celestiales creativas que venían desde arriba y fertilizaban el vientre de la novia: la tierra. Pero en todo caso la divinidad femenina, la Sophia divina, como se señaló anteriormente, ha sido siempre asociada con la inspiración imprescindible para adquirir conocimiento o sabiduría. 

 

La sabiduría del universo se ha conocido en sus diversos aspectos, y por muchos nombres, por todas las civilizaciones desde las épocas de la Antigüedad hasta nuestros días. Para los indios era Shakti, que era a la vez la consorte Parvati de Shiva, y en otros tiempos fue Lakshmi, la consorte de Vishnu, los sumerios llamaban Inanna, la diosa Ishtar los babilonios. Los caldeos llamaban Ea a la madre de Marduk. Los egipcios la conocían como Isis, la esposa de Osiris, o bien como Maat, Hathor y Nut en función de las cualidades que ella eligió para reflejarse en un momento determinado. Los griegos la conocían como la madre, Deméter, en otras ocasiones era Artemisa, Atenea o Hécate. Los romanos la llamaban Diana. Platón, la expresa como la sabiduría del amor personificado en Diotima. Ella también fué la persona amada o la novia para los Judios (Salomón). 

 

Debido a su elevada naturaleza cuando la Divina Sofía deseaba comunicar algo a los seres humanos lo hacía a través de uno de los miembros pertenecientes a su esfera de influencia. Es por eso que el nombre por el que se ha llegado a conocer a la Divina Sophia ha sido a través de diversos nombres de diosas, como lo fueron en épocas pasadas todos los ya mencionados, u otros como Gaia, Rea, Hera, Afrodita, Perséfone o Palas Atenea. Los mismos antepasados de los ​​cristianos también la conocían como Sophia, y más tarde, los cristianos de todos los rincones del mundo, vieron a su imagen divina reflejada en la figura de la Madre de Jesucristo - María - o en María Magdalena. En Europa occidental hoy en día hay muchas iglesias que llevan el nombre de Nuestra Señora María y María Magdalena, y hay muchas iglesias en Europa del Este con el nombre de Sophia. 

 

ImageEn términos bíblicos, la primera mujer, Eva, comió una manzana del Arbol del Conocimiento a través de la tentación de Lucifer, y a partir de entonces resultó en la expulsión de ella y de su consorte Adán del paraíso. En términos antroposóficos Eva representaría al alma humana, cuya tarea era la de tomar la sustancia del yo/ego, es decir, la conciencia, precisamente para ser consciente de su individualidad o "mismidad", para lo cual será preciso que se produzca la digestión de esa manzana o conocimiento. La parte del alma "Eva" se relaciona con el cuerpo astral, pues la sustancia del yo entra en el cuerpo astral o el sistema nervioso, el "Árbol del Conocimiento", la médula espinal y las ramas de los nervios, y su resultado culmina en un despertar de la conciencia en la esfera de los sentidos. Se trata de un "despertar" del ser humano al mundo material físico a través de los ojos, oídos, olfato, etc. Y este despertar fue visto como una 'Caída', porque la sustancia de la "conciencia del sí mismo” o Yo tuvo que descender del Paraíso (los mundos del espíritu) al mundo de los sentidos (la tierra). Y aquí en la tierra las diversas envolturas física, etérica, y astral ya habían sido preparadas previamente por los seres espirituales superiores en las etapas anteriores de la evolución de la tierra. Rudolf Steiner nos dice que ese Yo humano procedía de la periferia, de fuera de la tierra. 

 

Por tanto, y para abreviar algo que es de difícil y delicada conceptuación podríamos decir que la Divina o Cósmica Sofía es un Ente que pertenece como una estrella a la esfera del Sol y cuyo nivel más alto está conectado directamente con el hombre al nivel de los Espíritus de la Sabiduría y cuyo miembro más bajo es el Ser Antroposofía, un “ser humano” que ha desarrollado su yo en la tierra, pero mucho más tarde que los demás seres humanos y de una manera más acelerada (un año suyo equivale a cien años humanos). Y ambos dos: los Espíritus de la Sabiduría y el Ser Antroposofía, definen los límites de funcionamiento de la Sophia celestial o Cósmica en relación con la tierra. Debido a la naturaleza sublime del ser de Sophia cuando ella desea inspirar a la humanidad tiene que hacerlo a través de representantes. Ella se manifiesta a los seres humanos a través de la segunda y tercera Jerarquías que conforman sus miembros inmediatos, sus dos tríadas, el representante más alto de los impulsos de la esfera del Hijo o Cristo (Espíritus de la Sabiduría, Espíritus del Movimiento, los Espíritus de la Forma) y la tríada menor representativa de los impulsos del Espíritu Santo. Estos impulsos son llevados a la humanidad en nuestro tiempo por medio del Ser que es Antroposofía. Y esa misma diosa, que en nuestro tiempo sigue teniendo como tarea mediar entre los seres humanos y la Divina Sophia y la Divinidad de acuerdo con nuestro actual nivel evolutivo, fue nombrada por primera vez por Rudolf Steiner y la llamó Antroposofía.  

 

Según las indicaciones dadas por Steiner, Antroposofía tiene la naturaleza de un ser Arcangélico, es decir, que ella es de la misma sustancia que Micael y que ella “no se rige de acuerdo con leyes terrenales, sino con las leyes del Sol, teniendo en cuenta que la etapa de Antiguo Sol de la evolución terrestre fue el escenario de la acción de los Arcángeles, que por entonces se estaban convirtiendo en seres portadores del Yo”. Esa fue su etapa humana, aunque no fue un desarrollo humano tal como lo conocemos en nuestro caso, ya que sólo la humanidad terrenal ha podido desarrollar su yo en total libertad. 
 

Para entender un poco más el origen y desarrollo cronológico y cósmico de la Sophia divina hasta concretarse en su aspecto del Ser Antroposofía hagamos una sinopsis de acuerdo con los datos que nos ha ido proporcionando Steiner en su investigación espiritual (además de todas las indicaciones y estudios efectuados en la misma dirección por Sergei Prokofieff y Emil Bock) sobre el papel cósmico de la Eva celestial en relación con Sophia y el Cristo hasta llegar al Alma de la Antroposofía: 

 

El Alma Natánica, Sophia y la Eva Celestial 
 

ImagePodemos llegar a una comprensión del Ser de la Antroposofía, partiendo de lo que Rudolf Steiner nos dice del Alma Natánica: Rudolf Steiner nos dice que el Alma Natánica estaba compuesta por las fuerzas etéricas del Eter Químico y el Eter de Vida. Al igual que el ser humano, el Alma Natánica había pasado por la evolución de las cuatro etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna y una parte de nuestra etapa actual, la Tierra. Y fue en la Tierra durante los tiempos de Lemuria cuando estas fuerzas se separaron de Adán: 

 

Estas fuerzas fueron conservadas antes de los efectos de la «Caída» y del descenso de Adán y Eva en la materia, y quedaron protegidas en la Logia Madre de la Humanidad, en la Logia del Sol, en la esfera solar. Del mismo modo, otro ser se separó de la Eva Terrenal, y tal entidad puede ser llamada la Eva Celestial, o la gemela celestial del Alma Natánica. 
 

Rudolf Steiner conecta el Alma Natanica con los Arcángeles. Esto es así porque antes de la caída el cuerpo etérico del Alma Natánica es de la misma sustancia que el Espíritu de Vida (cuerpo etérico espiritualizado/Buddhi), que sólo se adquiere en su plenitud integral por los Arcángeles. El Alma Natánica, por lo tanto, tiene un parentesco con la esfera de los Arcángeles a través de la realización de las Leyes del Sol. Se nos dice por Rudolf Steiner que estas fuerzas entraron en la custodia solar del Arcángel Micael, el más alto de todos los Arcángeles en el sol. Fue esta relación espiritual entre el alma Natánica y el Arcángel Micael lo que le permitió al alma Natánica convertirse en el portador del Cristo en el cosmos, para ser su vehículo durante su descenso hacia la tierra, en primer lugar en la esfera del Sol como un estrella, de la esfera de las estrellas a la esfera del Sol como un planeta y luego a la esfera de la luna. Con el fin de seguir a Cristo en su descenso de sacrificio el alma Natánica tuvo que sacrificar una parte de su naturaleza Arcangélica y luego también su naturaleza angelical para encarnar finalmente en un cuerpo físico como un ser humano en la tierra, como el Jesús del Evangelio de Lucas. Posteriormente participó en el cuarto sacrificio de Cristo, el Misterio del Gólgota. 
 

Así como el Alma Natánica, las fuerzas etéricas de Adán, se convirtieron en las portadoras de las fuerzas del Hijo, el Ser macrocósmico de Cristo, el Adán terrenal estaba destinado a posibilitar el descenso de Cristo en las envolturas físicas posibles de su alma hermana Eva celestial. Y así la función del descenso a la Tierra de la Eva Celestial y su tarea esencial era la de trasladar en su momento al hombre ese aspecto de la Sabiduría originado en la Divina Sophia. Esta sabiduría crearía las condiciones necesarias para que el Cuerpo astral desarrollase las facultades humanas capaces de recibir y comprender la Inteligencia Cósmica salvaguardada por Micael en el Sol. En otras palabras, la Eva Celestial tenía la misión de portar las fuerzas necesarias para crear el alma cáliz (El Grial) en la que Micael podía derramar la Inteligencia Cósmica, la sustancia de Cristo. 
 

Hay que recordar una vez más que estas dos almas en el Paraíso, el Alma Natánica y la Eva celestial, eran realmente los éteres rarificados del aspecto Adán/Eva no influidos por la “Caída” y que permanecían como “alma pura”. Había por tanto un alma que entonces se dividió en dos partes. Una parte descendió al alma común, y encarnó en Adán, y con ello entró en la corriente de las encarnaciones, sucumbiendo a Lucifer, etc., y con respecto a la otra parte del alma, el alma-hermana, la Eva celestial, los sabios dirigentes del mundo, los Dioses creadores, vieron de antemano que no podría ser bueno que se encarnase demasiado, precisamente para evitar que las entidades luciféricas, que se apoderaron del cuerpo astral de los hombres, lo hicieran también con su cuerpo etérico, y por ello fue preservada en el mundo anímico y por consiguiente no tomó parte en las encarnaciones de la humanidad. Esas fuerzas etéricas separadas de Adán (según nos han dejado dicho tanto R.Steiner, conf.30 de 30-12-1913, y también Prokofieff en “Heavenly Sophia and the being of Antroposophía”.) eran las de los elevados éteres de Sonido y Vida pertenecientes a los aspectos Sólido y Líquido, los cuales, como ya se ha dicho, fueron preservados y protegidos en la Logia Madre de la humanidad, la Logia del Sol, en la esfera solar, antes de que fueran afectados por la “caída”. 

 

Por tanto ese ser que se separó de Adán, conocido en la Ciencia Espiritual como el Alma Natánica estaba compuesta de esos éteres refinados del aspecto físico/etérico de Adán/Eva, y tenía una predominante “alma natural”, capaz de: irradiar fuera de la luz de la Verdad Cósmica –equivalente al cuerpo astral-, así como de resonar en adelante con el más puro y bello Amor Cósmico –equivalente al cuerpo etérico-, y capaz además del más profundo y solemne reflejo del sacrificio Cósmico –equivalente al cuerpo físico-.Estas cualidades forman el contenido perfecto o las envolturas para el ser Cósmico de Cristo en su primer descenso hacia la tierra. El destino del Alma Natánica, nos dice Prokofieff, era el de ascender a las elevadas regiones de la esfera del Sol, a esas regiones donde el Sol mismo aparece como una estrella fija entre las estrellas fijas, al objeto de participar en el descenso del Ser de Cristo en su viaje a la tierra.   
 

ImageLa Eva celestial, portadora de Sophia-Sabiduría, y que era el ser gemelo del Alma Natánica, debería haber tenido un destino similar. También había estado en posesión de los elevados éteres de Sonido y Vida rarificados del cuerpo Físico/Etérico de Eva, y por consiguiente, también estaba en posesión de un Espíritu de Vida puro pues se nos dice que poseería atributos similares a los de un arcángel, incorporando leyes similares. De la misma manera en la que el Alma Natánica había sido destinada a convertirse en la portadora de las fuerzas de individualización masculinas del universo, el grande y poderoso ser macrocósmico de Cristo, la tarea de la Eva celestial debía ser la de convertirse en la portadora de la sabiduría unificada femenina en el universo manifestado. Ella también tenía que descender de la noble esfera del Sol donde residía, sacrificando su naturaleza arcangélica para penetrar en la esfera de los ángeles y también sacrificando su naturaleza angélica para convertirse en un ser humano.  

 

Una vez encarnados en la Tierra, Adán y Eva se convirtieron en seres humanos dotados de un cuerpo físico, otro etérico, otro astral y un Yo. El Adán celeste y la Eva celeste se convirtieron en seres poseídos de las fuerzas del Paraíso, es decir, de esas fuerzas no afectadas por la influencia luciférica –los éteres de Vida y Sonido-. Y estos aspectos inocentes y vírgenes de Adán/Eva, que no habían tenido ninguna experiencia de un Yo (lo cual sólo puede ser obtenido mediante la encarnación en un cuerpo físico), tenían, repetimos, toda la Sabiduría adquirida en las evoluciones del antiguo Saturno, en el antiguo Sol y en la antigua Luna, la sabiduría que en el ser humano corresponde respectivamente a los cuerpos físico, etérico y astral, y también estaban en posesión de todo el amor del que un alma humana es capaz.  

 

Nos dice Rudolf Steiner que el alma hermana del Adán terrestre, el alma más joven, estaba destinada a convertirse en la portadora de las fuerzas del Hijo en su descenso a la tierra. El primer nivel de este descenso tuvo lugar en la época de Lemuria, cuando el ser Hijo entró en la esfera del sol como una estrella, a través de lo cual El tuvo acceso a la totalidad de la esfera de los doce signos del Zodiaco, al objeto de prevenir la individualización de los doce sentidos, lo cual podría haber sido el resultado de la penetración del Yo en el cuerpo Astral. El segundo nivel en el descenso tuvo lugar durante la época de la Atlántida, cuando el ser Hijo penetró en el Sol a través de los seis Elohim, para evitar la individualización y la materialización de los siete órganos. Un posterior descenso ocurrió durante los tiempos atlantes, cuando el ser Hijo entró en la esfera de la Luna a través de la puerta de los Arcángeles, para prevenir la individualización y materialización de los principios anímicos, pensamiento, sentimiento y voluntad. (Steiner: Los cuatro sacrificios de Cristo). Este descenso fue acompañado por el paradisíaco ser Arcángélico del Alma Natánica, que bajo la protección del más grande de los arcángeles del Sol, Micael, se convirtió en un Cristoferos, portador de Cristo, la vestimenta astral llevada por el Cristo Cósmico durante tres etapas en Su descenso.   
 

Es por esta razón por la que el Alma Natánica no encarnó en un cuerpo físico hasta el preciso momento en el que tuvo que realizar un sacrificio posterior. Entonces tuvo que encarnar en el linaje de Natán, hijo de David, en la corriente sacerdotal, el Jesús del evangelio de Lucas. (Steiner: el Evangelio de Lucas).  De nuevo este ser estaba destinado a ser el portador de las fuerzas Macrocósmicas del Yo de Cristo en su descenso a la esfera de la Tierra en el bautismo en el Jordán. 
 

En contraste con su alma hermana, el Adán terrenal es el alma más antigua. Como tal, era su tarea la de ser la precursora de Cristo, tanto del profeta Elias, como luego de Juan el Bautista, que le reconocería y bautizaría, es decir, que hizo posible el descenso del ser de Cristo en las envolturas físicas de Jesús de Nazareth, a través de la mediación del Ser de la Antroposofía trabajando en nombre de la Sofía Divina y la fertilización del Espíritu Santo (la Paloma). 
 

Micael, la Inteligencia Cósmica y Antroposofía 

 

ImageMicael, como el hijo más poderoso de Sophia, también tuvo que participar en el sacrificio de la Eva Celestial en su descenso a la tierra. Nos dice Rudolf Steiner que el Arcángel Micael era el guardián de la sustancia que la Sophia Celeste había creado en nuestro cosmos, de arriba abajo, desde la esfera de los Espíritus de Sabiduría. Esta sustancia de la Sophia Celestial, estaba compuesta del mundo creado por los pensamientos de las Jerarquías, que contiene el completo significado del Ser de Cristo y Su acción para la totalidad de la evolución terrestre, pasada, presente y futura, y que es referida como la Inteligencia Cósmica de Cristo. Micael tuvo como tarea esencial la de sacrificar su dominio de la Inteligencia Cósmica a favor de la humanidad cuando ésta estuviera preparada para recibirla. 

 

Y fue Micael, que anteriormente había trabajado con el Elohim-Jehová, (cuya tarea hemos visto que fue la de implantar el Yo en el ser humano), el que arrojó a Lucifer desde la Antigua Luna a la Tierra, según se nos dice para que pudiera incitar a la humanidad a descender a ella. Expulsar a Lucifer a la tierra fue importante dado que sería a través de la influencia de Lucifer como el ser humano podría adquirir la libertad, mediante la diferenciación de los sexos y la creación del cerebro y la espina dorsal para desarrollar un pensamiento lógico independiente como medio de comprensión de la “Inteligencia Cósmica” de la que Micael era el guardián y que un día había de sacrificar, dado que esta “inteligencia” sólo podía convertirse en una posesión del ser humano cuando éste la pudiera adquirir plenamente consciente y en completa libertad. 
 

El Segundo paso suponía el descenso a la Tierra de la Eva Celestial, cuya tarea era la de llevar ese aspecto de la Sabiduría originado en la Divina Sofía. Esta sabiduría crea las condiciones necesarias para que el Cuerpo astral desarrolle las facultades humanas capaces de recibir y comprender la Inteligencia Cósmica salvaguardada por Micael en el Sol. En otras palabras, la Eva Celestial tenía la misión de portar las fuerzas necesarias para crear el alma cáliz (El Grial) en la que Micael podía derramar la Inteligencia Cósmica -la sustancia de Cristo-. Era necesario para la Eva Celestial, la portadora de la Sabiduría de la Divina Sofía, descender desde el Sol acompañando a su alma gemela, el Alma Natánica, que en su descenso llevaría el Ser Macrocósmico de Cristo.  

 

El Ser de la Antroposofía fue responsable no sólo de la creación de este alma vehiculo, o Santo Grial, a partir del cuerpo astral transformado de los seres humanos, sino también de la formación del primer vehiculo físico en la que el Yo de Cristo pudiera entrar, a través de su encarnación como María, la madre del Jesús Natánico del Evangelio de Lucas. 
 

Por consiguiente podemos decir que la Eva Celestial es el faro que ilumina al alma humana para que haga posible la comprensión del descenso de Cristo. Una vez que la Eva celestial alcanzó el umbral de la esfera de la Luna, la esfera de los ángeles, sacrificó su naturaleza Arcangélica y como un Ángel comienza a entrar directamente en el Cuerpo Astral humano, en particular en el Alma Sensible (Prokofieff: “Sophia celeste y el Ser de la Antroposofía”) del hombre, llevando con ella las fuerzas de la Divina Sophia. Fue a través de esta unificación con el ser humano que la sabiduría de Sophia pudo pasar a través del Alma Sensible del ser humano y estimular las fuerzas capaces de la comprensión de Dios. Esta comprensión, llena de sentimiento/reverencia, creó un ser independiente, cuyos cuerpos físico, etérico y astral contienen todo lo que el ser humano ha logrado a través de la experiencia de ella en el Alma Sensible. Su siguiente descenso, en la mitad de tiempo GrecoRomano, fue desde la esfera de los Ángeles a la esfera terrestre.   
 

De la misma manera que el Alma Natánica tenía que encarnar en el cuerpo físico de un ser humano de forma que éste pudiera ser el receptáculo para el Yo Macrocósmico de Cristo, la Eva Celestial, imbuída con la Sabiduría de la Divina Sophia, tenía que encarnar en el cuerpo físico de un ser humano. Emil Bock nos dice: (en “The threefold Mary”) que la figura maternal de la María del evangelio de Lucas es la personificación de la antigua virginidad del Paraíso, y por tanto la María de Lucas sería la imagen terrenal del arquetipo virginal de la feminidad, la incorporación del eterno femenino, la virgen entre las vírgenes. Esta encarnación era necesaria porque ella estaba destinada a dar nacimiento a su alma “gemela celeste”, el niño Jesús Natánico, que a sus treinta años acogería al sublime Macrocósmico Yo del ser de Cristo, capaz de acompañarle en Su sublime sacrificio en el monte del Gólgota.   
 

Este descenso/sacrificio del Ser de Cristo tendría el efecto, mediante el pensamiento, de redimir al Yo Humano posibilitando el retorno desde su atadura a la materia hacia los mundos del espíritu. Cristo era responsable de redimir al ser humano por medio del despertar de éste a su Yo y ponerle en conexión con todo el cosmos espiritual.   
 

Micael llegó entonces a ser capaz de sacrificar su Inteligencia Cósmica a la humanidad, y la Eva celestial fue el Cáliz de esa Inteligencia Cósmica en su breve encarnación como María. Su próxima tarea, para crear este cáliz, era el desarrollo de su Alma a través del desenvolvimiento con su unificación con el Alma Racional y parte del Alma Consciente de los seres humanos. Rudolf Steiner nos dice: “Y son las leyes del Sol, las leyes en vigor entre los Espíritus de la Sabiduría y los Arcángeles las que ven la luz nuevamente en la Tierra en forma de búsqueda filosófica de la sabiduría.” La Eva Celestial fue capaz de convertirse en el receptáculo del Cáliz espiritual etérico de la Inteligencia Cósmica, entrando directamente en el desarrollo espiritual de la humanidad. Ello ha permitido el desarrollo de la libertad y el pensamiento interior en el Alma. Y por esta participación en el desarrollo del Alma Consciente, la Eva Celestial inició un proceso que la conduciría a una pérdida de su conexión consciente con la Sabiduría de la Divina Sophia. 
 

ImageA comienzos de 1840 Micael dio comienzo a su ascenso gradual como Espíritu del Tiempo, haciendo ello posible su descenso hacia la Tierra. Después de renunciar a la Inteligencia Cósmica, él esperaba que el ser humano desarrollara esas facultades de pensamiento libre a través de la Eva Celestial, a fin de que pudiera, mediante la “voluntad libre consciente”, llevar a la humanidad, saliendo por fin de las cadenas de la percepción de los sentidos, en un ascenso libre, a la percepción de lo suprasensible. La Eva Celestial pudo unir su propia Alma Consciente, en la que había trabajado la Inteligencia Cósmica de Micael, con el Alma Consciente humana, y este paso del miembro más joven de la Sophia Cósmica a través del ser humano es el que hizo posible que el pensamiento se hiciera plenamente auto-consciente, es decir, auto-despierto, de manera que es por medio de esta auto-consciencia por lo que se pudo sembrar la semilla de la capacidad del ser humano para poder acceder a la experiencia consciente del mundo espiritual.  

 

Rudolf Steiner fue la primera persona que recibió la Inteligencia Micaélica en plena conciencia desde el cáliz espiritual, así denominado por él.  Y ¿quien es este ser cuyo Yo encarnó brevemente una vez como la Virgen María del evangelio de Lucas, para dar nacimiento al Jesús Natánico? A este ser Rudolf Steiner le dio un nombre, la llamó Antroposofía, la Sabiduría del Hombre. Y por tanto Antroposofía es el mismo ser que el de la Eva Celestial. 
 

La relación entre Micael y el ser de la Antroposofía ahora se nos manifiesta claramente: Micael, el Hijo de Sophia, sacrifica su Inteligencia Cósmica a favor de la humanidad, mientras la hija de Sophia, la Eva Celestial, el ser de la Antroposofía, prepara la facultad del pensamiento humano para que pueda recibirla. De esta forma, pasando a través del Alma humana de Conciencia –el Alma Consciente- y portando consigo la Divina Sophia y la Inteligencia Cósmica de Micael, la Antroposofía es capaz de desarrollar su propia Alma Consciente.   
 

Esto significa que ahora su Alma Consciente puede trabajar purificando por entero su astralidad, transformándola en el cuerpo de la Virgen Sophia. Esta purificación restablece su conexión con la esfera de la Divina Sophia y posibilita a la Antroposofía para comenzar el proceso de recibir el Yo Espiritual como arquetipo para toda la humanidad. Esta purificación restablece su conexión con la esfera de la Divina Sophia y posibilita a la Antroposofía para comenzar el proceso de recibir el Yo Espiritual como arquetipo para toda la humanidad. De esta forma el alma virginal se unifica con la conciencia del Espíritu Santo, el cual se convierte en Yo Espiritual individualizado por las fuerzas del Yo Consciente de Cristo. Esta evolución genera un impulso y un potencial para todos los seres humanos que  culmina en la conferencia de Navidad cuando Rudolf Steiner elabora las coberturas física, etérica y astral de la Sociedad Antroposófica, de forma tal que es capaz de ser el receptáculo para el elevado Yo de la Antroposofía, con la consecuencia de convertirse en su custodio. Esto es auto-conocimiento para la Sociedad Antroposófica, un paso necesario en la transición del Alma Consciente al Yo Espiritual para cada individualidad, y también para la sociedad misma. 
 

Tal y como dicen Prokofieff en su obra “María celestial y el Ser de la Antroposofía y Emil Bock en la suya “Las tres vertientes de María” la María que figura en el evangelio de Mateo, la que se levantó en el Templo, la María que, a diferencia de la del evangelio de Lucas, era lista y sabia, un alma antigua, que había visto morir a su niño y que entonces se había convertido en la madrastra de Jesús de Nazareth cuando la María del evangelio de Lucas también murió. Ella reconoció en su momento al Yo de este niño, el Yo de Zoroastro, que ella había perdido y mediante una grande y profunda relación con Jesús de Nazaret fue capaz de unirse, a través de la compasión y el sufrimiento, con el ser desencarnado de la María de Lucas, la Eva Celestial, que un día se convertiría en el ser de la Antroposofía. Las dos Marías estaban destinadas a convertirse en una, las dos Evas se convirtieron nuevamente en una. “Es como si la maravillosa Alma divina originada en el Paraíso (la María de Lucas) fuera ahora incorporada al alma antigua de la María salomónica (la María de Mateo).” La Eva Celestial paradisíaca unida con su alma hermana, la Eva Terrenal, ambas unidas convertidas de nuevo en una, juntas. 
 

Como resultado de esto, la María de Mateo era ahora capaz de permanecer plenamente consciente, junto con el discípulo Juan, a los pies de la cruz en la que colgaba el ser de Cristo encarnado en el cuerpo de Jesús de Nazareth. Por esta razón, María se convierte en la figura central en medio de los discípulos en Pentecostés, ya que era a través de su propia alma virginal por lo que se hizo posible para los discípulos el que recibieran en sus almas la sustancia de unificación del Espíritu Santo, porque se unieron con la conciencia de ella, la representante de la Divina Sophia en la tierra. Podemos decir que actuó como un conducto en la tierra de las fuerzas del Espíritu Santo a través de la mediación de la Divina Sophia. 
 

El Ser Antroposofía y la Sociedad Antroposófica 
 

ImageEn febrero de 1913 habló Steiner por primera vez del Ser Antroposofía, cuya tarea era descender a la tierra para llevar la Sabiduría Cósmica al alma humana, de manera que al hacer tal cosa Antroposofía uniría su destino con el del ser humano, es decir con el pensamiento, el sentimiento y la voluntad del hombre. Steiner afirmó que ese descenso se manifestaría en varios campos, y así en lo que se refiere a la Teosofía ello permitiría al ser humano adquirir la Consciencia de Dios, en cuanto a la Filosofía ello le capacitaría para adquirir la Consciencia del mundo, y en lo que se refiere a la Antroposofía ello le permitiría al hombre adquirir la Conciencia de todo su alma, como prerrequisito esencial para acceder a la experiencia del Cristo etérico. De manera que con ello el Ser Antroposofía sería el responsable del desarrollo de esta conciencia, y posteriormente en su conferencia sobre el Quinto Evangelio, en la que Steiner reveló el misterio de los dos Niños Jesús así como la vida del Jesús de Nazaret antes desconocida para la humanidad junto con el importante papel jugado por María en el Evangelio de Mateo, estableció que la María de Mateo unió su alma con el espíritu de la María del Evangelio de Lucas, con lo que se constituye el Ser Antroposofía. 

 

Solo después de estos preparativos, en septiembre de aquel mismo año, Rudolf Steiner pudo realizar el culto de la colocación del Doble Dodecaedro de la Piedra de Fundación para el primer Goetheanum, lo cual fue referido como la incorporación viviente del Ser de la Antroposofía en la tierra. En términos esotéricos esto representó un Templo viviente, creado a base de Fuerzas Etéricas para el Ser Antroposofía, en el cual la Inteligencia Cósmica pudo resonar en el mundo físico como la preparación del advenimiento de Cristo. Y fue en aquella misma conferencia de 1913 donde Steiner afirmó que “El Ser Antroposofía está íntimamente ligado con el ser de nuestro tiempo, no con nuestro actual pequeño momento, por supuesto, sino con toda la época en la que estamos”. En términos esotéricos eso significa que el Ser Antroposofía está íntimamente conectado con el Espíritu del Tiempo Micael, no solo porque una vez dicho Ser estuvo dotado de la esencia de un Arcángel sujeto a las leyes del Sol, sino también porque fue el responsable de preparar al alma humana para que fuese capaz de entender la Inteligencia Cósmica que descendía a la humanidad desde la esfera de Micael, y en el caso de la Escuela de Micael, en su forma más pura, si partimos de la idea de que la Sociedad Antroposófica como un triple cuerpo de la Antroposofía:1) la Cabeza constituída por la Escuela de Micael en la que el contenido esotérico de la Inteligencia Cósmica entra y espiritualiza el pensamiento, 2) el Corazón y los Pulmones o reino cultural en el que hay una comunión entre seres humanos mentales y el reino de los pensamientos imbuídos del calor de los sentimientos, y 3) las Extremidades o reino de la voluntad preñada de pensamientos de amor donde los iniciados llevan a efecto actos en el mundo a favor del Ser Antroposofía, de manera que Antroposofía une el corazón de la Sociedad con la Inteligencia Micaélica para crear un despertar espiritual y una conciencia de Cristo. 

 

El Ser o Entidad Antroposofía es, por consiguiente, una entidad angélica, un ser humano avanzado, y nosotros, como Sociedad Antroposófica desde el encuentro fundacional de Navidad, somos sus cuerpos humanos y miembros anímicos. Por consiguiente su futuro desarrollo depende particularmente de los antropósofos. Ella, al igual que nuestros ángeles individuales, se encuentra ante los antropósofos y nos muestra lo que hemos creado a partir de su sabiduría (la misma sabiduría reflejada de la Divina Sophia) que pasa a través nuestro para el beneficio de la humanidad. Esto se podría traducir como auto-conocimiento para la Sociedad Antroposófica, un paso necesario en la transición del Alma Consciente al Yo Espiritual para cada individualidad, y también para la sociedad misma. 
 

Por consiguiente la tarea de la Antroposofía, en nombre de la Divina Sophia, es preparar el camino para una nueva conciencia en los seres humanos. Rudolf Steiner nos dice que para que el Ser Antroposofía pueda lograr esto, teniendo en cuenta hasta qué punto la humanidad ha caído en el materialismo, tiene que encarnar en el alma humana llevando con ella la sabiduría de Sophia. Al hacerlo no sólo elabora su alma corporal y sus miembros espirituales, sino que también inspira conocimiento/sabiduría en esos seres humanos en los que se imbuye, ya que se coloca en ellos como un ser objetivo. Este ser objetivo toma la forma que corresponde a lo que el alma humana ha logrado a través de haber tenido la sabiduría de Sophia en él.  

 

ImageEs evidente que la Antroposofía no podía realizar esa tarea como un ser Arcangélico ya que tal tarea requiere una relación más íntima con los seres humanos que nunca antes. Por consiguiente, era necesario que el ser de la Antroposofía se sometiese a una evolución humana, en completa libertad, de una manera puramente suprasensible y como un ser humano "invisible" para los demás. Esto significaba que el ser en cuestión tenía que sacrificar su naturaleza solar Arcangélica, y desechar lo que había logrado en su propia evolución y volver a empezar de nuevo en la tierra, aunque su evolución se produce a un ritmo diferente a los seres humanos debido al trabajo de las leyes del Sol en su naturaleza, en la que, como ya se ha dicho, uno de sus años es equivalente a cien años humanos. 

 

Sergei Prokofieff nos dice que su descenso ha progresado a través de varias etapas. Primero desde Arcángel a Ángel, y luego de Ángel a hombre, y después ya en nuestros tiempos, de hombre una vez más a Angel. Cada vez que ella ha pasado encarnándose en almas de seres humanos, a través de ellos no sólo ha creado su propia alma física y sus vehículos espirituales, sino también ha inspirado a los seres humanos para la adquisición del conocimiento de Dios, es decir de la Teosofía, de la Filosofía y del mundo. En nuestros tiempos ella ha inspirado el conocimiento del ser humano: la Antroposofía. Esto es indicado por el descenso de su Yo en la conferencia de la Navidad en 1925 en los miembros de la Sociedad General Antroposófica como un reflejo de su breve encarnación en el momento del Misterio del Gólgota. Esto marcó su ascenso de ser humano a Ángel y así ella se convirtió en el "ángel custodio” de la Sociedad Antroposófica. Esto nos indica cuán conectada está directamente con los Antropósofos en su propia evolución. Y con ello se aclara la declaración de Rudolf Steiner de que la Antroposofía es un ser individual, "... hacia el cual los antropósofos tienen la mayor responsabilidad concebible", pues ella "lleva consigo el ser del hombre" y nos muestra lo que somos y lo que hemos creado desde las profundidades de nuestras almas, de manera que ello constituye un verdadero autoconocimiento colectivo. 
 

Por tanto si nos preguntásemos cuál es nuestra tarea como antropósofos en relación con el Ser de la Antroposofía, todo antropósofo debería de desarrollar una relación con el Ser de la Antroposofía que fuese íntima y a la vez consciente, y tal cosa sólo sería posible si se parte de la preparación moderna establecida bajo el espíritu y la inspiración dados por Rudolf Steiner. Somos antropósofos porque hemos hecho un gesto expreso de compromiso con este esfuerzo y en esta dirección. Y obviamente a continuación surgiría la pregunta de si la Antroposofía ha progresado de conformidad con lo previsto por la sabia dirección de la evolución del mundo y si a través de lo que nos refleja y nos proyecta el Ser de la Antroposofía merece la pena seguir avanzando. Rudolf Steiner nos dice en este sentido que el mundo de hoy ve a la diosa de nuestro tiempo, Antroposofía, a través de un cristal muy oscuro, y que todo aquello que haya oculto en los rincones y vericuetos del alma y que no se trae a la luz de la conciencia clara y cristalina puede ser aprovechado en cualquier momento por las potencias adversas. También dijo de forma expresa que el deseo inconsciente de unión entre la Virgen Sophia en el ser humano con el Ser de Cristo encuentra su expresión en un deseo de unión pagano con la naturaleza que no reconoce en absoluto a Cristo, y eso se encuentra plasmado muy concretamente en todos los cultos ahrimánicos de prácticas rituales sexuales, tan en boga por otra parte en nuestro mundo moderno pleno de pornografía y degradación erótico-astral. Y por ello cualquier forma de perversión a ese nivel dentro de la Sociedad afectaría directamente contra el Espíritu y la esencia de la entidad prístina y sagrada de Antroposofía. 
 

El anhelo subconsciente por el renacimiento de la conciencia de Cristo en el alma humana encuentra su expresión tanto en el deseo Luciférico de "nacer de nuevo" o la búsqueda ahrimánica de la línea materialista de sangre. Como Antropósofos nos encontramos en un terreno privilegiado y es nuestra tarea llevar el Ser de la Antroposofía al mundo. Pero primero tenemos que seguir el camino desarrollado por Rudolf Steiner con el fin de llegar a nuestra propia relación consciente con la Sabiduría Divina, la cósmica Sophia. Esta sabiduría es la luz que brilla por fin y con ella la comprensión de la unión entre el ser humano y el Ser de Cristo. Pero esa luz no se puede esconder debajo de un candil, sino que debe brillar a lo largo de un mundo que se mueve a ciegas, a tientas en la oscuridad del materialismo. Y es por ello que Steiner apelaba a que en los Antropósofos debe de brillar su luz, pues tenemos la responsabilidad de hacer brillar la Isis de Cristo en los demás seres humanos. Pero obviamente antes es preciso que esa luz y esa sabiduría se enciendan en nuestras propias almas. 
 

Rudolf Steiner nos decía reiteradamente que las experiencias espirituales van en sentido contrario a los procesos similares que tienen lugar en el mundo físico. Aquí en la tierra, cuando nos encontramos con otras personas, los vemos y hablamos con ellos, intercambiamos ideas y a continuación llegamos a conocer a las personas en cuestión, cuya relación puede crecer con el amor y el interés mutuo. En el mundo espiritual es todo lo contrario, si queremos conocer a un ser, en primer lugar debemos desarrollar un conocimiento de ese ser y cuando este conocimiento crece hasta generarse un profundo amor y devoción, nos conecta con el ser que se trate, a quien en un principio se siente como sólo en nuestros pensamientos y sentimientos. Es sólo después de que esa conexión se ha convertido en profunda y asumida en nosotros, cuando percibimos a ese ser como una individualidad espiritual separada, un ser vivo. Este encuentro se produce a través del desarrollo de  “imaginaciones morales” e “intuiciones morales”, que son fuerzas latentes del corazón. Y Rudolf Steiner nos proporcionó la vía del conocimiento (por medio del estudio, la meditación y la práctica), para través de nuestro amor y devoción desarrollar esas fuerzas del corazón, que nos pueden permitir convertir el corazón en un órgano espiritual. Esta enseñanza, que él llamó la Antroposofía, es por lo tanto, no sólo el camino para nuestro propio desarrollo personal, sino también la vía para un encuentro con nuestro maestro suprasensible, el Ser Antroposofía. 

 

Equipo de Redacción Revista BIOSOPHIA