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CRISTIANISMO Y RELIGION Imprimir E-mail
El Cristianismo, el Cristo Sol y las Iglesias
Por Equipo de Redacción Revista BIOSOPHIA   
 

 

ImageExiste un antes y un después, un punto trascendental en la transición de los tiempos, que es la aparición de Cristo en persona en el mundo material, y que marca el comienzo de una época absolutamente nueva y transformadora en la historia del planeta y de la humanidad gracias al impulso crístico, indispensable para la correcta continuación evolutiva del ser humano en un mundo hasta entonces sometido al predominio absoluto de las fuerzas malignas, demoníacas, antiespirituales, propias del mundo material. Hasta que tal acontecimiento ocurre, tal y como puede comprobarse en los tremendos relatos del Antiguo Testamento, todo transcurría dentro de la corriente anímica sustentada en los parentescos genéticos y sanguíneos estructurados en las distintas razas, así como en los dogmas y leyes de las religiones.

 

  

En la dicotomía de religión/espiritualidad o materialismo, el Cristo viene a apelar, de forma inequívoca, a la importancia del individuo por encima de castas, razas o de la sangre, a la individualidad albergada dentro de la personalidad. Lo que importa es el ser humano como prójimo, las personas que la encarnación actual nos ha colocado cerca. El amar al prójimo como a uno mismo comienza por escuchar a los otros seres cuando quieren comunicar algo, atender a sus preocupaciones y angustias, anhelos y deseos, etc. frente a las energías de frialdad e incomunicación, anti-crísticas o asúricas que predominan hoy día, de afirmación de nuestra auto-importancia exclusiva y excluyente. Y es por ello que puede parecer paradógico el contraste entre el ego personal dirigido por fuerzas opositoras inconscientes, y la esencia de la individualidad que preconiza Cristo, el verdadero “yo”, en el que todos somos parte de todo y de todos, tal como nos ha mostrado El en su propia vida terrestre y en sus obras, encerrado temporalmente en un cuerpo de carne y sangre como el de todos nosotros, y de cuyo encierro separativo y egóico, al igual que Él hizo, nos podemos liberar a través del reconocimiento de nuestra parte espiritual eterna, con el único requisito de que seamos conscientes de las energías de trasformación de Luz/Amor del Cristo en nosotros. 

 

El sentido fundamental del Cristianismo consiste en la ampliación de nuestra conciencia para trasformar la realidad de este mundo imperfecto y creador de conflictos, como una herramienta de trasformación para poner el interés de la humanidad por encima del propio interés de cada uno, capacidad de realización que todos tenemos como depositarios de las energías del Cristo, por encima de nuestras limitaciones e imperfecciones humanas. El Cristianismo, por tanto, no puede considerarse como una religión, sino como un estado de conciencia propio de los que aspiran a vivir en Cristo, y por ello no se difunde mediante prédicas, sino mediante vivencias interiores. Además de saber escuchar a los demás deberíamos aprender a hablar con conciencia, a expresar aquello que tiene un sentido exteriorizar para comunicar a los otros: ello requiere pensar previamente lo que vamos a trasmitir, y con responsabilidad hacer honestamente lo que creemos correcto; que sea nuestro “yo” verdadero, nuestra individualidad, el auténtico protagonista de nuestro existir en la encarnación, a imagen de Cristo en nuestra interioridad.

 

Tal como Cristo nos anunció es únicamente por el predominio de la parte espiritual sobre la parte terrenal del hombre como se puede reconocer la realidad espiritual del Verbo en el interior del ser humano, gracias a que el propio Verbo, generador del hombre, por libre elección, se hace “Hijo del Hombre”, pasando a integrar, de manera vital y energetizante, la parte germinal del nuevo Sol Espiritual en el que habrá de convertirse la humanidad realizada. 

 

En contra de lo que la Iglesia ha propugnado, únicamente el hombre individual, con una conciencia libre y plenamente despierta, podrá posibilitar la realidad de la unidad indisoluble de todos los seres de nuestro universo, sin intermediación de ninguna religión instituída, sobre todo si está sumergida en la ambición de poderes y riquezas materiales. 

 

Nos encontramos en los tiempos modernos dentro de un período oscuro, donde la religión ha sido sustituída por la dictadura de la ciencia, de manera que fundamentalmente el hombre sigue esclavizado a causa de los muros de los dogmas que nos encierran, pues ahora los dogmas de la ciencia se suman a los antiguos dogmas de la religión .Por ello es importante recalcar que la ciencia espiritual no quiere tener nada que ver con la fundación de una nueva religión, o para dar cabida a nuevos profetas o fundadores de sectas. La humanidad ha madurado, el tiempo de los profetas y de los fundadores de religiones se ha terminado. La ciencia espiritual no quiere usurpar el lugar del cristianismo, ni tampoco establecer alguna otra cosa en lugar del cristianismo, sino que quiere contribuir a una comprensión más profunda, más sentida de la cristiandad y de El Cristo.  

 

ImagePor tanto la ciencia espiritual de ninguna manera menosprecia el intento más admirable de los filósofos para determinar el alcance del pensamiento humano y el conocimiento. En cierto sentido, la ciencia espiritual tiene como objetivo desarrollar aún más la forma de pensar que entró en la evolución humana a través de la ciencia natural, y lo hace mediante el fortalecimiento del alma humana, tratando de hacer fructífero y eficaz ese tipo de pensamiento. La forma en que la ciencia espiritual debe proceder difiere de manera significativa, sin embargo, del camino tomado por las ciencias naturales. Y si sobre algo Rudolf Steiner pretendió llamar la atención fue sobre la necesidad de la ciencia espiritual de mostrar al hombre la vuelta hacia el espíritu y el mundo espiritual, tras la oscuridad y el dominio del Mal durante el Kali Yuga anterior, al margen de ningún deseo de fundar una religión de ningún tipo, pues lo que básicamente quiere esa ciencia del espíritu es crear un ambiente más religioso en el sentido espiritual de la vida del alma, con el fin de conducirnos a Cristo como el Ser en el centro de la vida religiosa. Y su mensaje es esencialmente que el alma puede cambiarse a sí misma por completo, y que, a través de la práctica de ciertos ejercicios, el alma puede dar lugar a una mejora infinita de sus fuerzas inherentes de atención y devoción.   

 

      “No es por la especulación o por la filosofía, sino por la disciplina devota del alma que el hombre puede emanciparse de su cuerpo” afirmó Rudolf Steiner. Las experiencias de la humanidad en las culturas antiguas -en las de Egipto y China, Persia y la India, Grecia y Roma- eran diferentes de las de nuestro tiempo. En épocas antiguas el alma del hombre vivía en condiciones diferentes a las del hombre de hoy. Al igual que en la vida humana individual las experiencias de la infancia no son las mismas que las de la juventud o la vejez, las experiencias de la humanidad en esas culturas no eran las mismas que las nuestras lo son hoy en día. Y de igual manera el desarrollo humano pasa a través de diversas formas en las distintas edades de su vida. Ahora que la humanidad ha alcanzado la mayoría de edad y el hombre es capaz de pensar por sí mismo, los poderes divinos han entregado al hombre mismo la responsabilidad de una implicación más profunda en la evolución de la Tierra. Los "dioses" han creado al hombre libre, y ahora están al lado del hombre y de la mujer para que entren en el futuro a través de tareas verdaderamente espirituales, como puedan ser, aunque en principio ello pueda no parecer una tarea auténticamente espiritual, la necesidad de reconciliar la ciencia con  el arte  y la religión, materias que ahora están tirando en direcciones opuestas. Y para hacer que esto sea posible, el misterio tendrá que ser públicamente traído a la luz, y la sabiduría habrá de ser accesible a todos los hombres, pues ya no son materias reservadas para unos pocos privilegiados.     

 

Y es justo en nuestros días, a pesar del aparente caos circundante en todas las esferas de la vida moderna, justo el momento en que una nueva página se está abriendo en la historia espiritual de la relación del hombre con los seres celestiales cuyos impulsos vienen a la luz en la progresión del tiempo. En el último tercio del siglo XIX, el arcángel Miguel se convirtió en el Espíritu del Tiempo, poco antes del fin de la Edad Oscura, o Kali Yuga, que como era conocido por los antiguos, llegaría a su fin en 1899. Desde el principio había sido la tarea de Michael mantener en jaque a las potencias de las tinieblas, a cuyos líderes se refería Steiner como Ahriman (el antiguo ser contrario a la luz, la entidad persa Angri-Manyu), Lucifer, y Soradt. A menudo vemos a Michael representado en el arte medieval como el valiente matador del Dragón. Pues bien, fue reiteradamente Steiner el que anunció que ahora que la humanidad ya era mayor de edad y libre, el hombre debía derrocar al "Dragón" por sí mismo y dentro de sí mismo, en primer lugar mediante el autoconocimiento de su propio alma y su yo, y siempre mediante la asistencia espiritual de las fuerzas y poderes divinos que Michael dirige y coordina. La elaboración de la antroposofía, en cuya transmisión Rudolf Steiner sirvió como representante humano de Micael, constituye la primera y más importante herramienta de trabajo y estudio como medio esencial para incrementar la relación espiritual con lo divino, a la búsqueda de la Consciencia del yo y de su más alto representante el Cristo. Y por supuesto sin crear para ello una nueva religión, o unos nuevos profetas o sacerdotes intermediarios, sino simple y sencillamente a través del propio Yo, mediante el estudio, la práctica meditativa y de autoobservación y la disciplina en la conscienciación y limpieza sistemáticas del propio cuerpo astral, corrigiendo y constatando las propias inercias, los propios deseos y hábitos y los propios impulsos más instintivos e inconscientes, para poder iluminar las lagunas oscuras del propio alma, y eventualmente ser el dueño y señor (si cabe decirlo) de las fuerzas internas más subconscientes a las que dirigen precisamente a su servicio las potencias opositoras y adversas. 

 

El Cristo Sol 

 

ImageEn el antiguo Oriente, los hombres afirmaban que la influencia de Sol llegaba a todo el mundo en el curso de su vida, y cuando esto sucedía se convertía en un nuevo ser, pero tal cosa fue cambiando con el correr de los tiempos de forma que para la época de la vida de Jesús de Nazaret la constitución física de otros hombres decayó de tal manera que ya no pudieron recibir la influencia solar en sus cuerpos. Y cuando para los demás esto ya no era posible Jesús fue el último ser humano destinado a recibir la influencia directa del Sol. Hay una pista acerca de esta influencia del Sol en los Evangelios, pero decía Steiner que siempre se había malinterpretado. Los Evangelios nos dicen que cuando Jesús de Nazaret fue al Jordán para ser bautizado por Juan, una paloma descendió sobre Él desde el cielo. Y la paloma es el símbolo de la influencia solar, del Ser del Sol, que entró en Jesús.  

 

En la antigüedad, antes del comienzo de la historia de los Judios, se veneraba al Sol, porque el Sol era conocido por ser la fuente de esta influencia todopoderosa durante la vida terrena de los hombres. Cuando tal influencia dejó de recibirse, los hombres dejaron de venerar al sol. Antes de la fundación del cristianismo ya hubo una religión solar en la que el mismo Sol fue objeto de veneración. Recordemos en tal sentido que Zoroastro dirigía su mirada hacia el Sol y reconocía en su Luz y su calor la presencia del Dios Solar, Ahura Mazdao, en su descenso hacia la Tierra. Pues bien Cristo Jesús fue el último en recibir esta influencia Sol, y, posteriormente, los hombres pudieron reconocer a Cristo como el Espíritu del Sol, el Cristo Jesús, descendido sobre la Tierra, El que antes estaba en el sol. 

 

En los primeros siglos cristianos, Cristo siempre fue llamado el Sol y en los Evangelios aún se podían encontrar las palabras: "El Sol, el Cristo", pero más tarde, por una de esas razones misteriosas nunca explicadas, el significado fue olvidado por completo. Es curioso que en cada misa católica la esencia corporal de Jesucristo (la hostia) está visiblemente representada y contenida en la Custodia, dentro de esa forma característica de rayos solares dorados, pero si alguien se atreve, decía Steiner, a mencionar su verdadera procedencia solar, puede ser denunciado por la ortodoxia institucional eclesial como un hereje. La Iglesia cristiana siempre ha considerado que es peligroso proclamar las verdades que tienen que ver con las estrellas, y por tanto también con el sol. 

 

Los hombres de los antiguos Misterios, conocidos entre otros nombres como ocultistas, esfinges, hombres del sol, etc., anteriores al Cristianismo eclesial, sabían que las influencias divinas y celestiales venían de las estrellas, y por ello los sacerdotes iniciados tuvieron el cuidado de asegurarse de que el conocimiento estuviera en manos sólo de los que habían sido sus receptores en tales Misterios, y sin embargo la sabiduría solar, con el tiempo, se ha perdido. Y entonces vino Cristo Jesús, quien trajo a la vida y a la tierra otra vez -pero en una forma nueva- la enseñanza de que el Dios Sol a partir de entonces debía tener su lugar en la Tierra. Si esa enseñanza de Cristo hubiese resultado victoriosa el conocimiento de la influencia del Sol, y de hecho la religión de la antigua estrella en su totalidad, se habría hecho presente de nuevo en el mundo. Cristo Jesús había traído el gran y fundamental cambio, colocando ante todo el mundo como una realidad lo que había sido previamente guardado como un secreto dentro de los Antiguos Misterios Solares. A partir de entonces habría estado al alcance de todos los seres humanos la significación de los cultos y misterios solares, pero al no ponerse posteriormente ningún esfuerzo en su transmisión no se logró la difusión de tal conocimiento (de hecho cierto emperador romano, Juliano el "apóstata", trató de introducir la religión de la antigua estrella una vez más, pero fue asesinado, mientras que realizaba un viaje a Persia). 

  

En realidad lo que pasó con la Iglesia Romana fue que la sabiduría solar que Cristo Jesús había traído de nuevo al mundo fue denunciada como una superstición y como una creencia diabólica, de manera que el mismo medio que podría conducir al hombre al Espíritu y al conocimiento real de lo espiritual fue denunciado y prácticamente exterminado. Y en su consecuencia, a partir de entonces la Iglesia se convirtió en la autoridad suprema para todos los creyentes en la cuestión de cómo y qué deben pensar los fieles religiosos católicos, de forma que podríamos decir sin temor a equivocarnos que no fue a través de Roma como el verdadero cristianismo llegó a Europa, sino que en realidad lo que Roma trajo a Europa fue un cristianismo modificado y en esos aspectos tergiversado, pues lo que expandió fué un cristianismo que aceptó sólo el acontecimiento exterior de Palestina ignorando todo el entorno cósmico y esotérico de tan profundo y trascendental evento. 

 

Y es que, al margen de toda polémica anticlerical o similar, el hecho histórico y objetivo es que Roma, la Iglesia católica, siempre ha luchado al mismo tiempo por el poder en los asuntos mundanos y en los asuntos religiosos. Y en el transcurso de la Edad Media, el Papa, el llamado Pontífice Máximo, tomó el lugar y asumió el cargo que anteriormente había estado en poder de los emperadores romanos. En una determinada época, concretamente a principios del siglo XI, se hizo un intento por el emperador alemán Enrique II, un buen y fiel defensor de la cristiandad considerado como una especie de santo, en la misma dirección como Julián el Apóstata ya lo había hecho anteriormente, intentó lograr separar la Iglesia Católica por completo de la esfera del dominio terrenal. Enrique II intentaba salvar y reponer la antigua sabiduría solar, para preservar para el cristianismo la idea de que en Cristo Jesús había pervivido el Espíritu Solar, de manera que lo que quería lograr era establecer una Ecclesia catholica no Romana. Pero sin embargo prevaleció aquella idea imperial de Roma aplicada a lo religioso y así quedó para la posterioridad, el antiguo poder imperial al servicio de los Papas. 

 

ImageHabría sido un hecho trascendental, porque si hubiera tenido éxito el intento de Enrique II, la persecución posterior de los herejes y de las herejías nunca habría tenido lugar. Estas persecuciones son simplemente el resultado de la autoridad que se ejerce sobre los pensamientos de los hombres, cuando, en realidad, nadie puede tener la autoridad permanente sobre los pensamientos humanos. La autoridad sobre los pensamientos sólo puede ejercerse cuando un ser humano está sujeto a la influencia del poder mundano, cuando se ve obligado a tener que asistir a escuelas particulares y a ser inculcado en determinadas doctrinas que obligatoriamente influirán en sus puntos de vista y en su manera de pensar. Cuando resulta que el mundo de los propios pensamientos es sagrado por afectar a la esfera del propio Yo y por tanto jamás habrían de someterse a autoridad alguna de forma obligatoria e impuesta. Ninguna Iglesia debería de haber trabajado nunca de forma tan dañina imponiendo sus criterios bajo la fuerza coercitiva de su poder de dominio mundano. La Iglesia sólo puede enseñar, libre y respetuosamente, y la respuesta debe venir de los propios seres humanos en el uso de su propia libertad de criterio y en el ejercicio de su sagrada capacidad de raciocinio y reflexión. Y posteriormente ninguno de los intentos realizados a lo largo de la historia de modificar tal estado de cosas tuvo éxito en la época de las Cruzadas, de forma que los Príncipes y nobles romanos mantuvieron su poder a capa y espada hasta la actualidad, y es así que la labor de control de las consciencias y de los dogmas, a través de instituciones herederas de la Santa Inquisición, hoy llamada del Santo Oficio, hasta recientemente dirigida por el entones cardenal Ratzinger, hoy Papa, han logrado mantener su poder y su dominio hasta nuestros días. 

 

Es un principio básico del Cristianismo, que consagra el gran pensamiento proveniente de la sabiduría solar proclamada por Cristo Jesús, cuya realización práctica hace precisamente que cada ser humano sea sagradamente libre, aquél que dice ..: "Vosotros conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres ..." . Y sin embargo toda esta concepción se ha mantenido en el olvido a través de los siglos y es por ello que el verdadero cristianismo debe ser redescubierto de nuevo día a día a través de la Ciencia Espiritual. Y por eso no es de extrañar que los representantes del cristianismo oficial, institucional y eclesiástico, se opongan al cristianismo esotérico y solar expuesto por la Ciencia Espiritual que realmente se adhiere a Cristo Jesús y enseña al hombre las mismas realidades tal y como él las enseñó. Y esto y no otra cosa es lo que hace la Antroposofía. Por todo ello y en su consecuencia no es sorprendente que aquellos que sólo conocen el cristianismo en su forma actual y oficializada, a menudo tienen una abierta aversión a esa forma de Cristianismo.  

 

Y sin embargo eso no quita para que se reconozcan otros logros históricos de ese cristianismo eclesial, que ha traído un tremendo progreso en la vida social. Es cierto, por ejemplo que la esclavitud fue abolida poco a poco por influencia suya, entre otras. O que  sin el cristianismo no habría habido ninguna ciencia como la conocemos hoy en día. Que la mayoría de los descubrimientos más trascendentes hasta la Edad Media fueron hechos por monjes, y así Copérnico era un dignatario de la Iglesia Católica, y que las escuelas y academias de aprendizaje fueron dependientes de los monjes. Aunque la verdadera historia -la historia que divide todo el proceso de evolución en la Tierra en historia pre-cristiana y la post-cristiana- realmente comienza cuando el cristianismo nace. Pero en todo caso es evidente al examinar la historia que la mayor parte del pensamiento consagrado en el cristianismo muestra a todas luces que la Fuerza y Sabiduría del Sol, que el Cristo también representaba, cayó en la Tierra y prácticamente desapareció, y ello fue debido únicamente a la influencia de la Iglesia Romana.  

 

El centro es el Cristo 

 

ImageEs patente el esfuerzo de las Iglesias por divinizar y exaltar en la figura del Cristo histórico la de su instrumento y vehículo humano, Jesús, generando con ello una confusión y una visión distorsionada del fenómeno crístico, que se evidencia tanto hoy en multitud de congregaciones y sectas cristianas de diverso tipo, sobre todo norte y suramericanas, en sus rituales y celebraciones eclesiásticas. 

 

Y sin embargo es preciso aclarar y puntualizar en tal sentido quien es quien. Hemos de considerar a Jesucristo como una entidad doble, compuesta por Jesús de Nazareth y el Cristo, o Verbo Creador. Jesús de Nazareth (individualidad de Zoroastro reencarnado, según manifestación de Rudolf Steiner) vive durante treinta años como tal, hasta que termina su encarnación y deja paso, en el bautismo de Juan, a la incorporación en él de la Entidad Solar que conocemos como Cristo, que se introduce en su cuerpo físico. Por ello un esoterista cristiano, cuando se refiere al Cristo, no lo hace a la figura de Jesús, sino al Verbo Solar creador de nuestro Cosmos, que es el Sistema Solar, ámbito de manifestación que le corresponde como segundo aspecto de la Trinidad (Hijo), creador de todo cuanto ha llegado a la existencia dentro del mismo. 

 

En el pasado, el hombre sólo podía hacer un contacto real con la esencia divina a través de los Misterios. Lo que se vivía en los misterios salía luego al mundo en forma de revelaciones para ser aceptado como cuestiones de fe. En el caso que estamos considerando de Cristo, el contacto con la esencia divino-espiritual del cosmos sucedió de tal manera en el hombre Jesús, que fue a través de él que el Cristo entró en la corriente de la vida de la tierra por un período de tres años. Luego, en el Misterio del Gólgota, una fuerza que antes vivía fuera de la tierra se derramó en el mundo. Todos los eventos a través de los cuales Cristo pasó cuando vivía en el cuerpo de Jesús sirvieron para traer a la existencia ese Poder Divino al mundo terrenal, la parte terrenal del Cosmos: la Tierra. Y así un Ser que descendió a la tierra desde el Cosmos, derramó su esencia en la evolución de la Tierra, y este acto permitió al hombre restablecer su conexión con el mundo espiritual. 

 

Con el bautismo en el río Jordán algo que antes era experimentado por todos los discípulos de los Misterios entró en un solo ser humano, y de ese único ser humano ese “algo”, el espíritu de Cristo, se transmitió a toda la atmósfera espiritual de la tierra, permitiendo a cada alma humana quedar inmersa en esa energía. Luego este nuevo impulso entró en la esfera terrestre a través de la muerte y resurrección de Cristo. Desde el misterio del Gólgota el hombre vive en un ambiente espiritual, un entorno que ha sido cristianizado, ya que tanto el hombre como el planeta han absorbido el impulso de Cristo, y por primera vez, desde el momento en que la evolución humana entró en su descenso, el alma humana podía no solamente revivir en sí el impulso del Espíritu Crístico, sino que además podía establecer una conexión con Cristo. Si el hombre no puede crecer más allá de las fuerzas de la muerte que lleva en sí, la fuente espiritual del origen del hombre ya no puede ser encontrada en el camino viejo, sino que debe de encontrar un camino nuevo, a través de la búsqueda de una conexión con Cristo en la atmósfera ahora espiritual de la tierra.  

 

Ha sido a través de la ciencia espiritual que se ha tenido acceso a una visión de Cristo que no se basa en los Evangelios. Por medio de la ciencia espiritual se ha podido percibir que en el curso de la historia Cristo entró en la evolución de la humanidad, y a través de ella sabemos que El tenía que vivir una vez en un ser humano para que se pudiera encontrar un camino que condujera, a través de ese ser humano, a recrear el clima o atmósfera espiritual de la tierra. Ese ser que vivía en Jesús de su trigésimo a trigésimo tercer año dió a la humanidad el impulso necesario para su desarrollo en un momento en que sus fuerzas juveniles, las de la Humanidad entones muy decadente, estaban comenzando a declinar. 

 

Image El Cristo asumió, por tanto, una dimensión humana de forma voluntaria por un periodo de tres años, máximo de tiempo que puede resistir un cuerpo físico la presencia de las energías Luz/Amor del propio creador, a pesar de ser el cuerpo más perfecto existente, ya que había sido preparado durante generaciones dentro de un pueblo creado para ello, como es el hebreo. Ello se explica por la incompatibilidad de la materia físico-material anti-crística, (materia física densa o espíritu muerto, de naturaleza asúrica por tanto) y las energías espirituales eternas del propio Cristo. 

 

 Se confunde por tanto a Jesús con el Cristo, al Hijo con el Padre, y a ambos con el Espíritu Santo, al creador de nuestro Sistema Solar con el creador de todo el Universo imaginable, con el Dios responsable del Cosmos global todopoderoso y omnisciente, y parece que así lo hace intencionadamente la Iglesia instituída. 

 

 No es posible, para cualquier mente humana sana y responsable, el traspasar los límites de nuestro Sistema Solar, que es la labor de un Dios limitado y enfrentado al problema del Mal, en la creencia, imbuída por esa Iglesia, de una Divinidad todopoderosa que, inexplicablemente, incluye el Mal en sus planes (¿Cómo es posible que un Dios omnipotente, omnisciente y pleno de Amor permita la existencia del Mal, del dolor, de la enfermedad, y eventualmente de la muerte? se pregunta lógicamente cualquier mente racional). Por tanto podemos considerar que cada Sistema Solar constituye un Cosmos propio específico y que no tiene relación con otros sistemas. En un Cosmos infinito, en el que se nos enseña que nuestro mundo se halla perdido en la periferia, los actos humanos quedan desprovistos de cualquier dimensión ética al despojarles de los límites y las referencias que les posibilitan la concepción moral de la realidad, frente a la moderna concepción mecanicista. El único ámbito en el que la mente humana está capacitada para referirse, de manera equilibrada, anteriormente se restringía a los límites de nuestra esfera terrestre, y por ello en la concepción mecanicista la mente humana queda desvalida e incapacitada para poder comprender la realidad con un mínimo sentido de proporción. Con ello el ser humano se encuentra, artificial y tentadoramente, con la necesidad de encontrar la explicación y el origen de un Cosmos infinito, es decir, con una divinidad todopoderosa, en donde no tiene lógica, por tanto, el único problema con el que se enfrenta el hombre: el problema de la existencia del Mal.  

 

 Consideramos, por tanto, que toda dimensión de la realidad que se sitúe más allá de nuestro Sistema Solar, no concierne para nada al ser humano actual, trascendiendo absolutamente sus posibilidades de comprensión, a pesar de las mayávicas (maya) fotografías galácticas realizadas por ordenador que diariamente se nos facilitan por la NASA norteamericana. No podemos pretender interpretar la realidad a partir de una abstracta e incomprensible supuesta divinidad todopoderosa, irreconciliable con una correcta visión dualista de dicha realidad en la existencia y lucha permanente de las fuerzas del Bien frente a las del Mal, la Luz y la Oscuridad. No podemos permitir dejarnos fascinar por la información que la ciencia moderna nos suministra de unos mundos materiales encubiertos por una “glamorosa” nube de “maya” espectacular acerca de lo que se halla más allá de los límites de nuestra tierra. 

 

 Es en este sentido como hemos de considerar la comprensión del Dios, o Verbo Cósmico de nuestro Sistema Solar, que es el único que a nosotros concierne, no todopoderoso, sino limitado, que no ha podido eludir el problema del Mal, porque, siguiendo a Steiner, era necesario para su objetivo de creación de una humanidad destinada a convertirse en una nueva Jerarquía de Dioses creadores libres, a su imagen y semejanza, y con posibilidad de hacer frente y vencer a dicho problema, una vez realizada.  

 

Equipo de Redacción Revista BIOSOPHIA